Se acabaron las vacaciones; la playa, los
parques y los centros comerciales quedaron atrás. Es hora de regresar al
colegio, de ver a los compañeros del año anterior y de conocer
nuevos. Es una emoción que en los niños pequeños es fuerte
y se va perdiendo conforme pasan los años.
Pero esta vez lo viví más desde el otro lado... no como
maestra sino como mamá. Con dos hijas pequeñas resulta un reto tener todo listo
el tan anhelado día: vestuario, agendas, loncheras, bolsones... es una lista
interminable de cosas y detalles que hacen de esto todo un ritual. Envidio a
las mamás de los varones que con un poco de gel en el cabello ya está todo
listo... en nuestro caso son trenzas, 5 colitas de diferente color, ganchos o
moñas, ufff!!! Sólo para la peinada hay que reservar otra media hora y confiar
que al verse al espejo les gustará! Y conforme pasen los días nos iremos
convirtiendo aparte de mamás en estilistas profesionales.
Se suben al carro (coche, automóvil) y aquí
viene el otro rol: chofer. Es primer día y como no está calculado el tiempo que
tomará el viaje, es momento de respirar profundo y ceder la vía a cuanto
motorista y camionetero irresponsable pase a la par. Pero hay que llegar a
tiempo y por lo mismo nos sale el gánster que llevamos dentro y comenzamos a “torear”
por aquí y por allá.
Llegamos! Nos estiramos hasta el sillón de
atrás para quitar los cinturones de seguridad tratando con el pie de no soltar
el freno, les damos un graaaaan beso y entregamos el “equipaje” a las maestras
sonrientes que esperan en el colegio. Y esa es la sorpresa más agradable, ver a
las maestras darles un abrazo, llamarlas por su nombre, ayudarles con sus cosas
y con emoción recibirlas. Me quedo por un momento viendo hacia la entrada,
tratando de ver un poco más adentro, pero no, ninguna de las dos voltea a verme.
Ya con pena que el padre que está atrás me bocine, me voy, pero me voy feliz.
Feliz porque sé que las dos se quedaron felices también, que si no voltearon a
verme es porque el ambiente que las maestras crean es tan agradable que mami no
hace falta. Por unas horas estarán en otro lugar, cantarán, bailarán, pintarán,
y sobre todo, sonreirán.
Y eso es lo que toda maestra quiere, que
los padres nos vayamos satisfechos y confiados por dejar a nuestros hijitos ahí.
Por eso mismo el reto de la maestra es lograr que los chicos se sientan tan a
gusto que por un momento no necesiten la presencia de mami o papi. Pasan a ser
sus hijitos también porque hay que limpiar caritas sucias, amarrar cintas de
zapatos, lavar manitas, y muchas veces alguno de ellos te llamará por equivocación
“mami”. Y aquí solo empieza tu “primer día de clases” con los nuevos retos que
cada año trae, pero esa, es otra historia. :)
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